http://www.publico.es/256333/congreso/debate/futuro/cuelgamuro
Está intrínseco, desde el principio de los tiempos, el respeto y la veneración hacia los muertos en la cultura europea.
Centrándonos en el caso español, tan solo hay que acercarse a contemplar un cementerio el día de Todos los Santos, para observar que en nuestra herencia cultural, esa veneración y ritual asciende a lo sagrado y está más marcada aún si cabe.
Quizás, en la España actual, con la creciente desvinculación de la religión cristiana, el ritual de cuidar de la tumba del ser querido ha perdido algo de importancia, sin embargo, para las generaciones que vivieron en el panorama social español de hace tres décadas, sigue teniendo una importancia simbólica suprema.
Cuidar de la tumba de un ser querido, supone una forma de superación de su pérdida y la representación del recuerdo, de que ese ser no ha caído en el olvido y en definitiva que su vida no fue en balde.
Pero, a demás, si la muerte del susodicho fue a causa de la situación política del país, si su muerte fue violenta, injustificada y temprana, la superación del arrebato de esa vida, es aún más complicada.
¿Qué ocurriría en el caso de que esa forma de superación, el ir a llorar la muerte de una persona a su supuesta tumba hubiera sido durante años un terrible engaño?¿Qué pasaría si el dolor que provocó el asesinato de un familiar a manos de otra persona volviera a resurgir al constatar - como es el caso de la familia de la noticia- que está enterrado junto a su verdugo?.
Los hay de la opinión de que la Ley de Memoria Histórica no sirve más que para abrir la brecha, la frontera ideológica y las heridas que sufrió la sociedad española durante la guerra y los años de dictadura.
Sin embargo, estas personas, quizás no se detienen a meditar el valor simbólico del que hablaba.
No creo que la Ley tenga que ver con el rencor social, ni con cuestiones ideológicas. Tiene mucha más importancia que eso. Es algo que defiende el derecho de las personas que fueron despojadas de esa manera de ritualismo, de espiritualidad, de eso que como he dicho, está intrínseco.
No pienso, sinceramente, que a los descendientes de las víctimas del franquismo les interese librar una batalla vengativa en conmemoración de lo que sufrieron sus antecesores. Tampoco creo que la compensación económica les valla a devolver a sus parientes.
Creo, más bien, que su pretensión es hallar una prueba física de que sus familiares realmente existieron, vivieron, sufrieron y murieron, para así poder asimilarlo y reflexionar sobre esto.
Sin duda, el problema, de nuevo, como tantas veces ocurre con los problemas sociales, es que los detractores de la Ley se empeñan en cifrar, burocratizar y contabilizar personas, vidas humanas, sin observar los aspectos de lo espiritual.
viernes, 2 de octubre de 2009
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