jueves, 25 de febrero de 2010

Multiculturalidad y religiosidad en España

Siguiendo con el análisis social de las religiones occidentales, el otro día en una clase hablábamos de que algunos teóricos afirman que la religión se está privatizando, es decir, está pasando a ser parte del ámbito familiar.
Según esta teoría, en el caso español, mucha gente afirma ser cristiana pero también niega ser practicante, es decir, son creyentes pero no realizan su culto de forma pública.
Una de las posibles explicaciones a este fenómeno es que durante la dictadura, la Iglesia cristiana se unificó con el régimen de Franco, de manera que aún hoy quedan resquicios de rechazo hacia la misma. Es importante a la hora de analizar datos en las encuestas tener en cuenta que la población española está envejecida (por lo que hay un sesgo al tener una mayor representación de nuestros mayores -en especial en las encuestas telefónicas- si la muestra no se ha tratado debidamente, lo cual es más común de lo que imaginamos) por lo que en la memoria colectiva sigue estando vigente este asociacionismo entre Iglesia católica y franquismo.
Pero volviendo a lo anterior, no estoy de acuerdo con esta idea de que las religiones occidentales tienden actualmente a la privatización, porque como nos dice Durkheim, la religión no es otra cosa que un acto social y está fundamentada en la efervescencia colectiva, por lo que si la religión efectivamente se estuviera privatizando ¿ no significaría esto que está tendiendo a su desaparición?.
Yo creo que no, sino que en realidad , la privatización de la religión es un paso del proceso de secularización.
Tampoco abogo por las teorías que defienden la existencia de nuevas formas de creencias.
Simplemente,(y me refiero con esto en concreto al caso español y al cristianismo) creo que la religión está sufriendo un proceso de cambio que desemboca en dos corrientes diferentes: por un lado la radicalidad de los tradicionalismos religiosos, es decir, los fundamentalismos; y por otro lado la secularización de las sociedades modernas.
Esta última no necesariamente ha de desembocar en el ateísmo, sino que más bien tiende al deísmo.
Me refiero a que si pensamos en la globalización, en las nuevas redes sociales y sobre todo, en este proceso de multiculturalidad que comenzó a finales del siglo XIX con las oleadas de inmigrantes, nos daremos cuenta de que las "fronteras culturales" se han abierto.
La multiculturalidad nos abre la mente, nos obliga a convivir con lo antes desconocido, activa en nosotros la curiosidad y el acercamiento a otras culturas y por tanto, también a otras religiones.
Este aproximamiento y conocimiento más profundo de otras formas religiosas, nos obliga a plantearnos cuestiones sobre nuestra propia fe.
Finalmente, la multiculturalidad hace posible crear en el imaginario social un cómputo de religiones, por lo que el individuo tiene la posibilidad de crearse una "religión a la carta", es decir, quedarse con lo que más le convenza de cada culto.