Normalmente no me levanto muy positiva. Hay que tener esto en cuenta antes de diagnosticarme un cuadro maniaco-depresivo tras leer estas líneas.
Sin embargo, no es tan raro. Todos nos hemos sentido alguna vez solos en medio de un montón de gente, como dice Amaral en la famosa canción.
Por eso, el año pasado, un día en navidad -un mal día, me temo- garabateé esto en líneas torcidas sobre un periódico mientras me dirigía al trabajo. Hoy, de pronto, entre papeles he encontrado el escrito. Y si inconscientemente lo guardé, alguna importancia le daría, por lo que creo que no carece de sentido que lo comparta.
Espero que disfruteís de mi pequeña reflexión.
Observo las caras de la gente en el vagón y en ellas encuentro tedio, sueño, cansancio, aburrimiento. Ni una sonrisa, silencio, el traqueteo del tren. Miradas vacías, absortas en algún pensamiento insulso de la cotidianeidad de lo monótono. Inexpresivos rictus, tensión, malestar. Nadie habla. Se mueven incómodos en los duros asientos. Se esconden tras el periódico. Evitan cruzar miradas. De vez en cuando una tos seca.
Tantas vidas enlatadas en un vagón, tantos pensamientos simultáneos caminando hacia el olvido, tantas esperanzas, preocupaciones, alegrías, desengaños…y ni una voz.
Son las ocho de la mañana de ese día maldito y repetitivo llamado lunes. Desconocidos comparten conmigo un espacio cada vez más reducido. Entran, salen, y nadie dice nada.
Mi parada. Se abren las puertas mecánicas y me dejo arrastrar por el tumulto. Nos movemos todos como una corriente, pero sin comunicación, sin contacto, hipnotizados en nuestros pensamientos. Miramos al frente, al suelo, a los carteles, pero nunca a los ojos. Distancias calculadas inconscientemente. Normas invisibles que rigen nuestro comportamiento. Somos individuos, somos uno dentro de un todo, somos sociedad. Todos somos distintos, pero nos comportamos igual.
Me paro en seco. Miro a mi alrededor. La gente me esquiva en su acelerado caminar. No existo. Y mientras me siento invisible y desaparezco, mi alma se derrumba.
En este mundo rápido, el de las comunicaciones, el de la información, en el que la gente se ha quedado muda y la ley es la desconfianza, hay una diosa como las antiguas, amada, odiada y caprichosa. Su nombre es Soledad.
miércoles, 21 de octubre de 2009
¿Nunca te has sentido así?
martes, 20 de octubre de 2009
La dictadura disfrazada de democracia

http://www.publico.es/internacional/262019/calcetines/turquesas/medios/silvio/berlusconi
Si hace unos días leí una entrada de un compañero de esta asignatura que hablaba de lo aproximado del gobierno de Venezuela a la dictadura, hoy quiero poner al descubierto otra de esas "democracias", así, entrecomilladas, que en realidad utilizan los mismos métodos mediáticos de publicidad y de monopolio informativo que se usan en las dictaduras.
El gobierno del magnate y presidente de Italia, Silvio Berlusconi, se ha hecho con un eco informativo difícil de ignorar, no sólo en su país, sino a nivel internacional.
Hace unos días, hablando con una amiga italiana, le pregunté como era posible que semejante mujeriego, descarado y manipulador estuviera aún en el poder. Ella se encogió de hombros y respondió, no sin cierto bochorno, que la culpa la tenían los medios, ya que Berlusconi era tan conocido dentro y fuera de Italia- aunque en muchas ocasiones sea por sus múltiples escándalos- que en los países en los que residen personas con nacionalidad italiana pero que se encuentran fuera del país, al desconocer otra alternativa, votaban a su partido.
Esto me hizo reflexionar sobre el poder mediático de este personaje. Berlusconi quizás no sea tan descuidado al dejar que los medios recojan sus declaraciones fuera de lugar y descubran todos y cada uno de sus escándalos. Quizás, valiéndose de una ética política mal entendida de su paisano Maquiavelo, haya decidido sumergirse en el famoseo a toda costa, sin importar los medios.
Sea como fuere, no entiendo como un individuo tan primitivo que sigue viendo a la mujer como un ser cuya única utilidad es satisfacer al hombre; que responde ante una catástrofe como el terremoto de l´Aquila sugiriendo a los ciudadanos que se habían quedado sin hogar que comprasen los muebles en Ikea y que se lo tomasen como "un fin de semana de camping"; que defrauda, corrompe y soborna descaradamente y se ríe abiertamente de la justicia italiana; que va dejando tras sus visitas diplomáticas a otros jefes de gobierno boquiabiertos por sus "meteduras de pata" y sus comentarios jocosos; que utiliza su monopolio mediático para desacreditar y ridiculizar a cualquiera que se le oponga y, en fin, una lista interminable de defectos crónicos, sea realmente digno para presidir una nación.
Yo mantengo mi esperanza que, para las próximas elecciones, los votantes desinformados de los que hablaba mi amiga, tengan ya razones de más para saber que quizás, deberían buscar alguna alternativa antes que regalar su voto a un partido liderado por este señor que guiado por su despotismo, al parecer, hace, dice y actúa como le viene en gana. Si el gobierno italiano no es, como decía al principio, una dictadura disfrazada de democracia, ¿cómo es posible que nadie le pare los pies?.
De nuevo, repito...este mundo es de locos.
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