jueves, 29 de abril de 2010

Querida desconocida


Tu sola imagen , ha provocado esta urgencia mía que de cuando en cuando, con la furia de un monstruo de palabras, me devora las entrañas hasta que lo libero. Esa necesidad mía de retratar mi pensamiento e inmortalizarlo en renglones desordenados.

Y es que, esta misma mañana removiste en mí, querida desconocida, un huracán emocional, cuya lava, hecha de desolación, abrasó mi ánimo el resto del día.
Tú, inmóvil, más bien inerte. Cuerpo balanceado por el traqueteo del vagón que hizo que el primer pensamiento que acudiera a mi mente tras verte se relacionara con la misma muerte. Sí, pensé que habías perecido, que nadie se había percatado , y que, tan triste como es este individualismo insano del que parece nuestra sociedad, llevabas ya un tiempo ahí. Pero no, tras un rato observándote, descubrí un leve movimiento en tus hombros, que subían y bajaban sutilmente al compás de apenas un hilo de respiración mecida por tu sueño tranquilo.

El segundo de mis pensamientos causados por tí, querida, fue si la vida no es a veces muerte y la muerte vida.
Tus cabellos desordenados, ojeras columpiándose bajo tus pestañas, la boca entreabierta mostrando tu dentadura mellada, la hinchazón de tus manos y pies, amarillentos, la delgadez extrema de tus brazos y sin embargo la tripa hinchada también. Todos rastros de ese animal venenoso que vive en tí, que te corroe, que te muerde una y otra vez, que deja picotazos en tus venas y marcas evidentes de un lento y cruel asesinato.

Tal es la impresión que me has causado, querida, que no he podido apartar mi mirada de ti durante todo el trayecto. Una mirada no motivada por el morbo, sino que, pobre de ella, ha intentado adentrarse en tu interior para ver qué es lo que allí se escondía .

He visto un espectro, tu espectro.

He visto a una mujer joven, en otro tiempo bella, envejecida, mermada. Muerta pero viva, viva pero muerta.

Una pregunta tan evidente, tan obvia, tan transparente que creo que algunas personas la creen invisible, ha ocupado mi pensamiento. ¿Te dio alguna oportunidad la vida?. Pregunta llave que me ha abierto una puerta a muchas más. ¿Qué fue lo que te pasó?¿quién o qué te ha hecho esto?¿por qué?¿qué sentido tiene entregar la vida a una sustancia, suicidarse tan lentamente?.
¡¡Cómo me hubiera gustado saberlo!!

Y antes de siquiera darme cuenta, las lágrimas han acudido a mis ojos. Lágrimas por ti, querida desconocida. No han sido lágrimas de lástima en sí, sino de frustación, de una ira incontrolable contra este mundo que te ha hecho ser lo que eres. Porque tú, querida, tú eres el reflejo, el más cruel retrato, la prueba de que hay algo que va mal. La sociedad está fallando, las comunidades fallan, los sistemas. los estados, los gobiernos, las personas...
Así que, tú también fallaste. Supongo que te fallaste a ti misma y que fallaste a la vida.
Pero hasta que punto fue tu culpa querida, hasta qué punto es culpa de los demás.
Frustación e ira porque hay mucho que cambiar, pero todos, ocupados con nuestras rutinarias vidas no lo vemos, es invisible. Tan sólo unos pocos lo hacen. Y los hay cobardes, como yo, que de tanto en tanto lo vemos, nos lamentamos, pero pasa el tiempo y no sabemos qué hacer. Y hay miles de maneras, y la culpabilidad - absurda por otra parte- se convierte en ansiedad, en enfermedad.

Tú, me has mostrado el asesinato de la humanidad. Los criminales han sido tantos y tantos...
Tú querida, tu pena en carne viva, la miseria de tu cuerpo, me han mostrado la cara de la realidad, tan cruel y desgarradora que aún sigo estremecida.
Todos los días veo gente como tú, todos los días paso al lado, pero sólo a ti te he mirado. Tú me has mostrado mi vergüenza.