Techo de cristal:
“Se denomina así a una superficie superior invisible en la carrera laboral de las mujeres, difícil de traspasar, que nos impide seguir avanzando. Su carácter de invisibilidad viene dado por el hecho de que no existen leyes ni dispositivos sociales establecidos ni códigos visibles que impongan a las mujeres semejante limitación, sino que está construido sobre la base de otros rasgos que por su invisibilidad son difíciles de detectar."
Es decir, que existen, aunque sean difíciles de identificar barreras - que por muy invisibles que sean no son menos ciertas- que impiden alcanzar a las mujeres puestos superiores en las escalas jerárquicas de las empresas. Es un hecho; tan solo un 4% del personal en los Consejos de Administración de las empresas españolas son mujeres. Curioso dato si pensamos que, a día de hoy, hay mayor número de mujeres matriculadas en carreras universitarias que hombres.Cuanto más alto sea el escalafón jerárquico a observar, menos mujeres encontraremos en los datos.
¿Cómo se construyen estas barreras?. El problema, es precisamente que no existen leyes ni dispositivos sociales que lo delaten, sino que son mecanismos sutiles en el seno de las empresas que impide ascender a las mujeres.
Existen muchos tipos. Un ejemplo es que la empresa, cuando se accede a un cargo de responsabilidad obligue indirectamente a sus trabajadoras a escoger entre su vida laboral y su vida falimiar...y como ya sabemos, desgraciadamente, el peso familiar sigue recayendo en especial sobre las mujeres. La responsabilidad de la educación y cuidado de los hijos, se asocia más a las madres que a los padres. El cuidado a mayores, se asocia más a las hijas (nueras, etc) que a los hijos.
En la mayoría de las grandes empresas, la gestión de recursos humanos propugna que para tener un puesto superior en la escala jerárquica, hay que hacer una completa cesión de la vida personal (repito, indirectamente) de lo contrario no se podrá contar con esa persona.
Pero ¿por qué esta cultura empresarial sexista?. Pues bien, esta distribución y gestión de los recursos humanos en las empresas, responde a un problema más hondo: la división sexual del trabajo en las sociedades.
Desde pequeñas, a las niñas se nos inculcan unos roles y a los niños otros muy diferentes. Mientras que a las niñas se las educa para ser amables, educadas, dulces y cariñosas y sus juegos principalmente son el cuidado de muñecas emulando de esta manera el ser madres, a los niños se les incita a demostrar constantemente su fuerza, su valor, su agresividad y juegan a deportes que les enseña a ser competitivos (fútbol, baloncesto, etc).
Aún hoy en día, el rol de género sigue en el subconsciente social, y una parte de estos patrones culturales es la división sexual del trabajo. Esto es, mamá debe cuidar de su familia y papá traer el dinero a casa.
Aunque las mujeres hayamos conseguido incorporarnos efectivamente al mundo laboral, este sigue cerrado a nosotras en muchos aspectos. Si una mujer consigue llegar a un puesto de alta responsabilidad, el sistema patriarcal se encarga de poner trabas suficientes para que se vea obligada a rechazarlo. ¿De qué manera?. La sobrecarga familiar obliga a las mujeres a plantearse el coste de oportunidad en caso de tener la posibilidad de acceder a un puesto mayor en el trabajo, cosa que la mayoría de varones ni siquiera se plantean.
Quizás pensemos que el eje de este problema es la sociedad y sus arquetipos y por supuesto esta es una gran parte del problema, pero el techo de cristal se constituye con la escasa flexibilidad de las empresas.
El techo de cristal también tiene consecuencias psicológicas en las mujeres, tales como menor autoestima al no poder acceder a mejor puesto a pesar de su preparación, inseguridad, culpabilidad al sentir que "abandonan" a su familia, perfeccionismo al sentir que tienen que demostrar su talento esforzándose más que sus compañeros, etc.
En definitiva, creo que es nuestro deber romper el silencio a cerca de esta barrera paternalista, que se nutre de los prototipos y construcciones sociales que aún perduran en el subconsciente colectivo. Si se visibiliza el problema del techo de cristal, las empresas se verán obligadas a flexibilizar sus sistemas de recursos humanos y a adoptar medidas que amplíen el horizonte de las mujeres trabajadoras.
Luchemos por ello, porque las mujeres somos igual de válidas y tenemos la misma capacidad de mando que los hombres. Luchemos por la no discriminación hacia las mujeres.